La mejor ley de prensa es la que no existe. Un viejo lema que remite la responsabilidad de los informadores al juicio del público y a las leyes ordinarias. El derecho a la información pertenece a los ciudadanos, no a los informadores, y hoy más que nunca, cuando cualquiera tiene a su alcance instrumentos poderosos para informar.
Los problemas de la profesión periodística española son similares a los del resto de países desarrollados. Están agravados por la coincidencia de un sistema de medios propio de la era de la comunicación de masas cuando ya vivimos en la era de la información digital y el Periodismo 3.0, y por el enorme peso que tienen la política y las instituciones en un ecosistema de medios fuertemente regulado e intervenido.
Por eso es injustamente anacrónico, corporativista y amenazante el proyecto de Estatuto del Periodista Profesional (texto en pdf) que hoy comienza a estudiarse en la Comisión Constitucional del Congreso.
Sus ventajas son pocas más allá de defender el secreto profesional e impulsar la participación de los profesionales en las grandes decisiones de las redacciones, pero parte de varios vicios imperdonables: consagra el intervencionismo político, somete a los medios a los poderes estatales y autonómicos, confunde la deontología con la ley y limita el acceso a la profesión.
Informar es cada vez más un acto y no una profesión o un oficio. Se hace periodismo cuando se investiga o percibe un hecho y se difunde un relato del mismo a un público más allá de una esfera privada.
El periodismo se puede ejercer de forma profesional y en organizaciones periodísticas tradicionales o al margen. Cada periodismo tiene ventajas e inconvenientes, pero ninguno debe estar limitado por regulaciones corporativas ni por leyes especiales.
Los defensores del estatuto dicen defender a los periodistas contra el deterioro laboral y garantizar derechos contra la intromisión.
Pero el mercado periodístico se defiende mejor con un sistema laboral sin trampas adecuado a la legislación laboral ordinaria y al mercado real, con medios transparentes en su financiación y gestión, y con una competencia honesta, donde los medios sean más independientes del poder político y su fuerte intervención en los medios, a través de las regulaciones y el dinero público.
Citan legislaciones intervencionistas, reliquias de otros tiempos como la francesa de 1935, la italiana de 1963 o la portuguesa de 1999, pero olvida aspectos esenciales de esta última como el énfasis en la autorregulación y la ausencia de intervención política (artículo 23).
Los defensores invocan disposiciones del Consejo de Europa y de la Federación Internacional de Periodistas (IFJ), pero olvidan que ambos ponen énfasis en la radical individualidad del derecho a informar y ser informado, más allá de corporativismos.
La Declaración de Libertad de Expresión e Información de 1982 del Consejo de Europa declara que "el continuo desarollo de la información y de la tecnología de la comunicación debe servir para fortalecer el derecho, más allá de las fronteras, de expresar, buscar, recibir e impartir información y ideas, cualquiera que sea su fuente".
La Declaración defiende la "ausencia de controles o restricciones a los participantes en el proceso informativo, en el contenido de los medios o en la transmisión y difusión de información".
Y la propia Federación Internacional de Periodistas defiende en el punto 9 de su Declaración de Principios que "dentro de la ley general de cada país, el periodista debe reconocer en materias profesionales la única jurisdicción de los colegas y la exclusión de cualquier clase de interferencia del gobierno de otros".
Todavía hay tiempo para cambiar un Estatuto del que se puede rescatar los más valioso: derechos y deberes, impulso de la participación profesional, salvaguarda del secreto profesional, etc. y eliminar cualquier resquicio de regulación externa de la profesión como el Consejo Estatal de la Información y sus émulos autonómicos, mecanismos de control político y clientelista tal como están planteados.
Un estatuto para los periodistas puede reforzar el derecho a la información de todos si fortalece el papel democrático del periodismo y la ética profesional, impulsa la mejora de las relaciones dentro de los medios y fortalece la transparencia de los poderes y las instituciones.
Sería una pena desperdiciar la oportunidad por corporativismo o ansias de injerencia.
P21 | Silencio sobre el estatuto de los periodistas
miércoles, octubre 05, 2005
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
8 comentarios:
Hola. Hasta ahora no le había prestado mucha atención a este tema del estatuto de los periodistas.
Le he echado un vistazo a los primeros artículos y me parece un bodrio.
Imagino que habrá cientos de detalles que superen en gravedad a lo que voy a comentar, pero me ha llamado la atención el hecho de que, entre las incompatibilidades, se haga mención específica (y la primera) a los profesionales del marketing, la comunicación y las relaciones públicas (área en la que trabajo ahora después de haber sido "periodista profesional" durante algún tiempo.
Mi duda es la siguiente: si una empresa de comunicación o RRPP decide publicar una revista o sitio web de noticias sobre comunicación y RRPP ¿tiene que contratar periodistas profesionales que no ejerzan en este terreno? ¿no pueden elaborar la revista los profesionales de la propia empresa? ¿o el carnet de periodista profesional es un elemento decorativo y luego los medios y empresas pueden contratar o no periodistas profesionales o lo que les venga en gana?
Y en un contexto más amplio. Muchas agencias de comunicación elaboran revistas corporativas y de asociaciones empresariales. Es cierto que muchas de estas publicaciones no pueden considerarse "periodismo", pero algunas sí (informan sobre un sector económico, dando noticias, reportajes, entrevistas...). ¿Necesitan periodistas profesionales? ¿Pueden elaborar esas revistas con el personal que ellos consideren más adecuado, sin tener que pedirle el carnet a nadie?
¿Para qué sirve el carnet de periodista profesional?
Pues sirve para que el poder tenga garantías de que no le vas a toser demasiado.
Tal cual. Y al que se resista se le quita el carné, ¡faltaba más!
Lo mismo pasa con la educación y con las concesiones de la tele y la radio...
Y también pasa con la telefonía en Internet.
http://www.cincodias.com/articulo.html?d_date=20051005&xref=20051005cdscdiemp_47&type=Tes&anchor=cdsemp
Aunque esto, podría ser otra noticia diferente.
Y si te contara lo que pasa con nosotros aquí en Venezuela...
La ley denominada RESORTE por sus siglas (Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión), aprobada por una mayoría pírrica de la Asamblea Nacional supone y nos obliga a TOD@S l@s venezolan@s que de 7 de la mañana a 7 de la noche sólo niños ven la televisión y por lo tanto los canales de TV deben emitir programas infantiles o juveniles.
Donde los canales tienen que autocensurarse antes de emitir cualquier programa...
Además, por si esto fuera poco, no se si estás enterado que ya empezaron a demostrar que el ataque no es sólo contra los que son de oposición, sino contra quienes piensan un poco distinto a los radicales de izquierda. Sacaron del aire uno de los programas más serios de la TV, donde el conductor en una falta grave a la ética periodística ya se había manifestado alineado a la política gubernamental... Sin embargo el día que decidió denunciar corrupción dentro del canal de televisión del Estado venezolano, no lo pensaron dos veces para sacarlo del aire y el mismísimo viceministro de comunicación lo instó a retractarse si quería seguir saliendo al aire...
Esto y mucho más pasa gracias a una ley que regula nuestra libertad de expresión... Aprobada por los "robolucionaros" venezolanos...
Cuanto más leo el texto, más miedo me da. ¿No se va a organizar nada para protestar por esta aboerración, o vamos a seguir unos cuantos solo por nuestra cuenta?
http://www.elvilmetal.com/foro/viewtopic.php?t=966
Soy periodista desde hace 23 años.Estoy absolutamente de acuerdo con el artículo y lo voy a replicar en webblog. Si todos los periodistas que estamos de acuerdo hiciéramos lo mismo seguro que a más de uno de la FAPE se le erizaba el pelo, y se cuestionarían seguir con el tema. Lo único que ya apoyaría es tener un Carnet Profesional pero la decisión de quién es o no es, tiene que ser exclusivamente nuestra.Dejar ésto en manos de políticos es la idea más disparatada que he podido escuchar.
De todas formas, digo lo de Juan, la mejor regulación es la que no existe. Todo lo demás son excusas para controlar y limitar la libertad de información, derecho de los ciudadanos, no de los periodistas.
Cartiles
Publicar un comentario en la entrada