Los libreros presentaron ayer en la Feria del Libro de Madrid un Manifiesto por el libro, por las librerías, y por una educación de calidad con libros para apoyar a las librerías tradicionales y pidieron que el presidente Rodríguez Zapatero se comprometa personalmente.
La paciencia de los libreros con la ministra de Cultura, Carmen Calvo, y su prometida ley del libro que nunca llega parece acabarse.
El informe realizado por la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL) refleja la pérdida de mercado de la librería tradicional. Las ventas anuales de libros han descendido progresivamente entre 2001 y 2003, y el libro escolar, fuente de ingresos insustituible, es el producto que ha experimentado una mayor pérdida de ventas por la competencia de grandes superficies comerciales y los propios colegios.
Los libreros están en contra de la gratuidad de los libros de texto, que eliminaría a sus establecimientos del mercado, y piden la adopción de fórmulas como el cheque-libro para que puedan seguir comercializando y distribuyendo los libros escolares.
Reclaman el precio fijo de los libros para evitar los descuentos promocionales y la dotación adecuada de las bibliotecas públicas y escolares. Recuerdan que el anteproyecto de Ley Orgánica de la Educación obliga a dotar a los centros escolares de bibliotecas pero no les asigna recursos.
Los compradores/lectores de libros se alejan de la librería tradicional, donde quedan libreros de saber pero también mucho dependiente despistado. En España los libros son caros (casi 12 euros de media) y hay poco libro de bolsillo (uno por cada dos habitantes frente a dos por habitante en países como Francia). Otro desastre es que la mayoría de las librerías estén asfixiadas de novedades intrascendentes mientras que escasean las especializadas y los fondos donde encontrar ese título, ese autor que buscas.
Queda un buen trecho de trabajo para una de las industrias en las que España sigue siendo importante, pero que piensa más en la edición que en otros elementos de sostenimiento y calidad del mercado.
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4 comentarios:
Juan, en enero pasado publiqué un post en el que comentaba un coloquio que tuvo lugar en Estravagario, y en el que participaban tres libreros tradicionales: Fernando Valverde, Presidente de CEGAL; Antonio Méndez, dueño de la librería madrileña Méndez, y Estrella García, de la librería Oletum de Valladolid. Durante el mismo se pudieron escuchar cosas como éstas (hablo de memoria):
- El cierre de una librería es una pérdida para la democracia.
- La Administración debería involucrarse y no permitir que cierre ninguna.
- En España se publica cada año gran cantidad de títulos (+75.000) y resulta imposible tener espacio físico para todos.
- Antes las librerías vivían del fondo editorial y ahora, cada vez más, de las novedades.
El post completo está disponible aquí: Libreros tradicionales.
Otra cuestión:
Hace poco más de un mes Carrefour cambió su política de devoluciones para incluir a los libros entre los artículos que no se pueden devolver, únicamente cambiar.
[post al respecto: Lectura rápida]
¿Los libros son caros? ¿12 euros de media es mucho dinero? En España los libros son mucho más baratos que otros países europeos (en el Reino Unido una novedad en tapa dura ronda las 15 libras). 12 euros es menos de lo que muchos jóvenes se gastan en una noche de copas (a 6 euros la copa). Yo muchas veces que salgo por ahí lo pienso así: en vez de este cubata podría haberme ido a comprar un libro de bolsillo de Alianza, que seguro que me iba hacer disfrutar mucho más y durante más tiempo que esta bebida asquerosa en este tugurio que apesta a tabaco. No, no creo que el problema sea el precio de los libros.
Estamos inmersos en una cultura de masas que gira, casi exclusivamente, alrededor del ocio y el entretenimiento. ¿Es el mercado, y el Gobierno, el culpable de esta situación o tiene también el consumidor y el librero parte de culpa? Todas partes son responsables. En una economía de mercado, los consumidores, manipulados o no, tienen en sus manos la última decisión sobre lo que consumen.
Pocos libreros y profesionales de la cultura se "mojan" en elevar el nivel cultural, pero eso sí a pedir más y más subvenciones y ayudas estatales:
La mayoría de los libreros se han vuelto demasiado complacientes ante el mercado. Pocas librerías rechazan los libros basura que les envían algunas editoriales. Cuando voy al mercado, mi pescadero sólo me ofrece lo mejor que tiene ese día, incluso cierra los lunes porque no hay pescado fresco; en cambio, nos encontramos con cantidad de libreros a quienes da igual ofrecer y vender un libro basura que intentar recomendar un poco de buena literatura.
¿Cuantas librerías utilizan las nuevas tecnologías para crear comunidades de lectores?
¿Cuantas librerías han creado su propio medio digital de información y comunicación con sus lectores sobre novedadedes que merezcan la pena, reseñas propias, recomendaciones, etc?
¿Cuándo los libreros se darán cuentan que la gente trabaja y cuando salimos del trabajo estan cerrado y por eso acabamos comprando en FNAC y grandes almacenes? ¿Cambiarán sus horarios de apertura al público? Otros sectores ya lo han hecho.
Las secciones de cultura de los principales medios de comunicación son bastante responsables del estado actual de la cultura en este país. Desde mi punto de vista, deberían agitar más el mercado, diferenciando lo bueno de lo malo. También en muchas se detecta un juego dudoso de cánones y amistades peligrosas, de compromisos e intereses editoriales.
Hay demasiadas editoriales que fabrican productos en vez de libros y autores-marcas en vez de buenos escritores. Desgraciadamente, varios autores han entrado en este juego y se han convertido en marcas comerciales de estas editoriales.
En mi opinión, los profesionales de la cultura tenemos también parte de culpa sobre el estado actual de la cultura en nuestro país. Con la excusa de que el mercado arrasa con todo, pocos se han esforzado a la hora de fomentar la demanda e incrementar su nivel de criterio. Parece como si no quisiéramos tener consumidores de cultura con capacidad de sentido crítico, con más gusto y con más criterio.
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