jueves, diciembre 29, 2005

Una crisis del propio periodismo

Esta foto de Sebastià Serrano y Pilar Antillach tendrá difícil repetición. La dimisión de Serrano como decano del Col·legi de Periodistes de Catalunya ha abierto una crisis en la institución avanzada ya en las propuestas de la candidatura de Antillach: institucionalización, formación de grupos de poder internos que influyen sobre la profesión, politización y debilidad en la defensa de los derechos de los periodistas.
Antillach ejemplificó su campaña en los problemas para informar sobre el derribo del Carmelo (donde siguen los problemas) y la injerencia política con el apagón informativo que se produjo por la presión política y la autocensura de algunos medios y profesionales.
La crisis es de tal calado que ya se oyen voces pidiendo la disolución del Colegio, lo que supondría el fracaso de uno de los intentos más ambiciosos de organizar y regular la profesión periodística.
Pero el Colegio está tocado. La renovación y la lucha por la independencia de los poderes y las empresas proclamada por Antillach parece lejana a no ser que algo cambie el rumbo de esta crisis.
En el subsuelo de la crisis está el mismo modelo colegial, un sistema corporativista e institucional en una profesión donde quienes aspiran a regular el acceso y la práctica chocan constantemente con la invasión de los derechos de los ciudadanos, el gremialismo, las debilidades internas de los propios medios y la presión externa, sobre todo del poder político y económico.
Los periodistas son, por naturaleza y práctica, actores políticos y sus órganos de asociación y gobierno son objetivo prioritario de los poderes de todo tipo para controlarlos o sesgarlos a favor.
La autorregulación profesional y deontológica, la defensa de los derechos para el ejercicio de la profesión, la mejora de las condiciones laborales, la formación de los periodistas y la prestación de servicios asistenciales son los objetivos de los dos colegios de periodistas de España (Cataluña y Galicia), que no difieren mucho de los objetivos y estatutos de las asociaciones de la prensa.
Pero los colegios son exclusivos de los periodistas titulados universitarios (Cat, Gal) frente a la profesionalidad entendida como ejercicio de las asociaciones de la prensa.
El 70% de los periodistas pertenecientes a las asociaciones de la prensa están a favor de crear un colegio profesional nacional.
En el Congreso de los Diputados sigue su curso la tramitación del Estatuto del Periodista Profesional, otro intento de regular el acceso a la profesión, su ejercicio y que rinde el periodismo a la tutela de los políticos, por más que incluya otros aspectos positivos (Antillach fue una de las voces más críticas en Cataluña contra estos aspectos).
Cuanto más débil es el periodismo, cuanto más amenazados se sienten los profesionales por las fuentes, las empresas, los propios ciudadanos, más se avivan las tendencias corporativistas. El caliente manto protector del título, el carné y la institución en la que todos nos reconocemos es la promesa del fuego y el refugio en la noche fría y oscura.
Pero el periodismo es un oficio bucanero y de combate donde la libertad y la exigencia individual es imprescindible para cumplir el único mandato real de los periodistas: ofrecer la representación más fiable y honesta que puedan obtener de la realidad a los ciudadanos.
Un grupo de periodistas juntos y normativizados es un pastel para cualquier poder. Si además se redactan estatutos, se emiten carnés y se ponen barreras de acceso, la tentación de la censura y el control está servida.
Y llegan las injerencias, las banderías, las autoimposiciones denunciadas por Antillach.
Serrano dimite por imposibilidad de consenso y denunciando un "asalto organizado" al Col·legi. Su carta no explica bien los motivos y nadie por el momento ha explicado claramente cuál es el origen y causas de la crisis.
Si los periodistas no somos capaces de ser absolutamente transparentes en nuestra labor perdemos la justificación moral y democrática de demandar lo mismo a los demás. Pero no debemos olvidar que el fin de nuestra profesión es el derecho a la información de los ciudadanos, más allá de nuestros problemas.

P21 | Crisis en el Col·legi

2 comentarios:

Al-Duende dijo...

Juan, regresamos al eterno problema. Si no estamos organizados, nos comen las empresas. Las presiones en Telemadrid y en Antena 3 en las últimas convocatorias electorales, los despidos masivos en esta última emisora, y las absolutas perversiones laborales en casi todos los medios (desde La Razón hasta El País), son buena muestra de que, si no tenemos respaldo, los periodistas cotizan muy pero que muy a la baja. Por no hablar de la creciente falta de criterios entre los equipos directivos.

Por el contario, si los periodistas se organizan, buena parte de ellos se olvidan de sus cometidos, y se convierten en oficinistas con carné de periodista, que arriman el ascua a su sardina y siempre a mayor gloria de su institución. Como cualquier dircom, sólo que con la perversión de ser ellos mismos los que se organizan contra la profesión que dicen defender. Los muchos libros blancos, o verdes, o multicolor, editados por colegios, asociaciones y similares, acerca de cómo escribir acerca de tales o cuales asuntos, son un escupitajo en la cara de la ética periodística.

Así pues, ¿qué hacer en una profesión que como tal debe ser libre e independiente, pero que como oficio debe estar tan protegido en normas básicas como el salario y las condiciones laborales? ¿Qué hacer para garantizar cuestiones específicas aunque no exclusivas del periodismo como la cláusula de conciencia o el secreto profesional, y que ello no suponga la victoria de grupo de presión alguno, máxime cuando algunos se configuran como grupo de presión esgrimiendo, con el más burdo cinismo, que están en contra de corporativosmo alguno?

Difícil solución. Y no creo que Salomón nos sirva en estos casos.

marine.fran dijo...

Me recuerda a cierta polémica que existe en el mundo futbolístico (del que soy generalmente ajeno): ¿qué es mejor ganar o jugar bonito?

Pues esta claro: GANAR... jugando bonito.

Quizás un Colegio sea la solución, pero sólo si está dirigido por los propios periodistas, no por periodistas electos, o por representantes de partidos, empresas, sindicatos; sino por todos los periodistas. COn unos órganos internos y una burocracia mínima; dónde las decisiones más importantes sean decididas en asamblea. En definitiva, lo que debería ser la democarica de verdad.

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