El Mundo quiere controlar sus voces. Rojo quiso seguir y un acuerdo económico ha evitado el despido. La generación de los vicedirectores desplaza al grupo de El Paular.
La carta de Rojo a Pedro J. con la que se despide.
El Mensaje y el Mensajero
20 de diciembre
El lunes 27 de diciembre, 15 años y medio después de que una docena de personas fundáramos EL MUNDO en un apartamento del centro de Madrid, termina mi relación con el periódico.
Es la clausura de una aventura profesional fascinante. No tendrá lugar en la sede actual de EL MUNDO, ni tras una de esas fiestas que hemos prodigado en la cuarta planta del edificio de la calle Pradillo. El adiós será en uno de los cuartos interiores de la Delegación de Trabajo.
Allí tendrá lugar el acto de conciliación que evita los sinsabores de un juicio, en el que hasta los abogados de EL MUNDO coinciden en que el juez fallaría a mi favor.
Tres décadas como corresponsal de guerra me han curtido un poco, pero sigo siendo algo sentimental y me queda un ligero sabor amargo en la boca. No porque vaya a echar en falta el "olor de las linotipias" o el "chute de los cierres", ya que he pasado el 90% de los últimos años en desiertos afganos o callejuelas y bazares de Bagdad. Contar la historia en vivo, como testigo directo, es un privilegio que compensa con creces los incordios, los engorros, los horarios y las pequeñas miserias del ejercicio cotidiano de esta profesión.
El origen de esa pizca de amargura estriba en que la ruptura de mi relación con EL MUNDO viene de la negativa a aceptar que el director tenga derecho a decidir qué, cómo, cuándo y dónde opinan, dicen o expresan sus ideas en público los miembros de la plantilla.
El pasado 20 de septiembre recibí con sorpresa un burofax --¿no hubieras podido llamarme por teléfono?- requiriéndome que te presentase una solicitud de autorización para participar en cualquier tertulia radiofónica. Me advertías de que mi negativa se consideraría "falta de indisciplina de la máxima gravedad".
Te contesté que llevo 16 años interviniendo en tertulias radiofónicas. En muchas ocasiones he coincidido contigo en los estudios y ante los micrófonos. Aún así, finalicé mi respuesta con el aviso de que al día siguiente estaba invitado a "Protagonistas" con Luis del Olmo y que asistiría salvo que me comunicaras que te oponías.
No hubo respuesta, hasta que 55 días después, el 17 de noviembre, me enviaste un nuevo burofax explicando que, "después de haber reflexionado" me instabas de nuevo a pedirte permiso para participar en cualquier programa de radio. Añadías que yo debería "tomar en consideración las notables diferencias de todo orden que cabe apreciar entre la etapa fundacional del periódico y la actual".
En esta ocasión, de forma prolija, respondí haciendo hincapié en que no se puede alterar caprichosamente el estatus laboral de un trabajador; y que el director, por muy relevante que sea en el periódico, no puede vulnerar el derecho a la libertad de expresión, poniendo cortapisas, controles o filtros a lo que un periodista quiera o pueda opinar en una radio, fuera de su jornada laboral, en programas que no son competencia de EL MUNDO y sobre temas variopintos.
En esos días quitaste mi nombre de la mancheta del periódico, donde había estado durante 15 años. Esa "desaparición" me inquietó menos que el hecho de llevar seis meses -desde mi vuelta de Irak en julio- sin poder publicar en las páginas de EL MUNDO.
Lo cómodo y más conveniente, en palabras de varios de mis compañeros, hubiera sido plegarse, pedirte permiso y esperar que fueras magnánimo y me permitieras aparecer de vez en cuando en alguna radio de tu gusto. En el peor de los casos y si me prohibías volver a hablar en una emisora, insistían mis colegas, siempre quedaría el consuelo de cobrar cada fin de mes.
Si hiciera en la vida lo que me conviene, no sería yo. Claudicar, siendo periodista y defensor a ultranza del derecho de todo ciudadano a opinar libremente, me hubiera imposibilitado mirarme sin sonrojo en el espejo por las mañanas.
Me duele dejar EL MUNDO. He vivido con intensidad los últimos 15 años, seis meses y 21 días. Con intensidad y con placer, a pesar de tu montaje para acallar mi voz. Lo he pasado muy bien.
Sigo creyendo en el mensaje. En lo que he dejado de creer es en el mensajero. en cierto tipo de mensajero.
Alfonso Rojo
Ex adjunto al director de EL MUNDO
La Razón | El Mundo prescinde de Alfonso Rojo, uno de sus fundadores
P21 | La larga marcha de Pedro J.
8 comentarios:
Hola a todos:
Me da la primera impresión que el resto de los grandes medios de este país, aunque no lo quieran reconocer, quieren parecerse al grupo PRISA, aunque no tengas sus recursos y por eso le imitan donde pueden. Si en El País se abrió la puerta a un critico con catorce años de experiencia, Pedro J. no podía ser menos y busca la salida del director adjunto del periódico además de ser uno de sus fundadores. De ser cierta la carta, vemos que no solo existe PRISA en el mundo editorial. Es que otros medios, tan críticos con las empresas de Don Jesús, imitan sus practicas.
Tanto con el Caso Echeverría como con la salida del señor Rojo, se ve lo que muchos creíamos desde hace tiempo. La mayor parte de los ?grandes medios? y de los grandes periodistas, obedecen los dictados de sus jefes, no precisamente de redacción y si de las cúpulas de los medios. Luego no nos debería extrañar que algunas noticias se obvien o se potencien en cada medio, o que se le de un enfoque totalmente deferente de un sitio a otro, por no decir tendencioso. Supongo que de lo malo malo, el señor Rojo podría dedicarse a escribir en algún confidencial o en el periódico de su hermano.
La salida de este hombre, siempre basándonos en su carta, es otra victoria de la ?independencia? de los medios.
Saludos a todos.
Wallenstein77, http://blogs.ya.com/modernista/
Lo mismo le pasó a otro periodista de El mundo hace poco.
Rojo puede irse con los israelíes a desalojar palestinos, allí le tendrán en alta estima.
Cuando un medio pierde a un fundador, sobre todo si ese fundador es un tipo como A. Rojo, miembro de una estirpe en extinción de ciudadanos libres y trotamundos de la verdad periodística, algo va mal. Los medios se están transformando en sociedades mercantiles y como tales hay que tratarlos. Han sustituido el servicio a la verdad por la caza de publicidad y el servicio al ciudadano por la lianza política y la lucha por la influencia y el poder. Están en decadencia y, aunque os parezca increíble y presuntuoso, esos gigantes en descomposición no nos durarían medio asalto a ciudadanos libres que hacemos información en la blogosfera, siempre que la competición fuera justa y sin ventajas.
Alfunso: compartimos buenos momentos en Centroamérica. Recibe mi admiración y cariño en estos momentos.
alfonso rojo sale en rtele y paerece listo como abundio digo. jarl!
es un gran periodista a.rojo..le deseo suerte en su periodicodigital
Como público, no me gusta Alfonso Rojo. Su proceder, sus opiniones radicales acerca de los palestinos, afganos, entre otros; me llevan a pensar que debería estar en El Vaticano en lugar de ser periodista, sobre todo, corresponsal de guerra.
Se le ve el plumero a Don Alfonso Rojo.
estos de la derechona son todos unos personajes que solo se mueven en este mundo en el que vivimos por el poder y el dinero .no les interesa nada mas y cuando los caracteres chocan en este caso que ninguno de los dos da su brazo a torcer por tener el poder y sus puntos de vista diferentes .alfonso rojo es un periodista tan radical que cuando lo oigo en alguna tertulia me da miedo oirlo hablar .y cambio de canal es como si estuviera viendo y oyendo el NODO en la epoca del franquismo .es un periodista muy prepotente y muy mal educado y es muy falton si no piensas como el ya van insultos por delante .cuando veo la noria cambio de canal enseguida hasta que se termina el debate por que no aguanto a la derechona pura y dura que hacen periodismo por que no dejan hablar a ENRRIC SOPENA NI A MARIA ANTONIA IGLESIAS NI A JORGE VESTRINJE que me encantan .pero bueno estos dos personajes son tal para cual .
Alfonso, no me pierdo el dabate de la noria solo para escucharte.
Sigue asi, y mucha caña al Sopena
Abrazos.
Gema Cancho Maña
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