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Tuesday, August 26, 2008

Dos periodismos y dos formas de entender el dolor

La cadena argentina Todo Noticias (Grupo Clarín) no se recató para inventar una conversación falsa entre los pilotos del vuelo de Spanair siniestrado en Barajas y que causó la muerte de 154 personas.
Guillermo Lobo, conductor del programa, inventó un diálogo como si fuese obtenido de la caja negra del avión, que está en poder de la investigación.
La invención es más sangrante, si cabe, al haberse producido en un presunto programa sobre ciencia.
La Cadena Ser, en esa carrera imbécil de la actualización y ávida de culebrones de verano, tampoco se frenó para inventarse una supuesta investigación del fiscal antes que la justicia se enterase de la existencia de tal vídeo.
La hipocresía del dolor de los medios soltando mierda.
La BBC ha despedido a un comentarista de radio, Chris Price, por hacer un chiste sobre el accidente de Madrid al decir que "la defensa del Bradford tiene más huecos que un avión español".
¿Qué periodismo prefieres?

Sunday, August 24, 2008

Un vídeo sólo para privilegiados

La manía del vídeo no es cosa sólo de internet. Quien tiene la imagen posee la cosa. Y como sabe cualquier programador de TV nada alimenta más el morbo que las imágenes de los alrededores de una tragedia. Si además su acceso es exclusivo, como rotulan tantas televisiones y medios, su taumaturgia enciende el ego de quienes las ven.
Por eso no es de extrañar que Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (Aena) haya premiado con ese privilegio al rey, al presidente Zapatero y a medio gobierno, así como a la presidenta madrileña Esperanza Aguirre, al alcalde Gallardón y a un sinfín de colaboradores.
A todos menos al juez responsable de la investigación, que ha tenido que reclamarlo.
Aena se escuda diciendo que se la envío un día después del siniestro de Spanair a la policía judicial y que se trata de un caso de incomunicación entre investigadores y juzgado.
Pero no es excusa.
Da igual si entregó o no el vídeo cuando debía. Aena debería ser más respetuosa con las víctimas, con la investigación y con los ciudadanos. El vídeo de las operaciones de los aviones es un documento técnico, no una curiosidad ni un entretenimiento. Y, por supuesto, nunca debe ser un privilegio. Si se entiende que puede ayudar a esclarecer los detalles del siniestro debe estar al alcance de todos los ciudadanos, y no sólo de los políticos. De lo contrario, se deben tener en cuenta las ansias de información y el respeto a los familiares, y las necesidades de la investigación.

Artículo completo en Soitu.es
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Friday, August 22, 2008

La hipocresía del dolor

Dolor. No lo soportamos, pero nos fascina. Y una tragedia como la del accidente de Spanair en Barajas vuelve a desatar el sensacionalismo, la crítica a los medios, el cuestionamiento del dolor, el debate sobre las imágenes y la cobertura de la tragedia, y también la atracción por el dolor de los otros. ¿Compasión? ¿Hipocresía? Un debate que renace y que no debe limitarse sólo a los medios de comunicación.
"¿Cuándo acabará esta película?", preguntó uno de los niños víctimas del accidente del vuelo JK 5022 al bombero que lo rescataba. "La ilusión es la regla general del universo. La realidad no es más que una excepción", dejó dicho Jean Baudrillard en su ensayo El asesinato de lo real. Sin esa ilusión ya adelantada por la caverna de Platón el conocimiento es imposible. Seguramente también la vida. Por eso la mente de ese niño convirtió la tragedia que vivía en una ilusión, tratando de mitigar su impacto en el cerebro.
Pero el dolor es también a menudo un espectáculo cuando el sensacionalismo se ceba. Y no seamos hipócritas, tanto sensacionalismo hay en regodearse del dolor ajeno como en ocultarlo. Las televisiones con sus programas basura son motivo de escándalo fácil y justificado mientras otros sensacionalismos más hipócritas engatusan y pasan más inadvertidos o hasta son celebrados: la mala información y las sospechas infundadas antes de tener datos y razones; la política del morbo, asentada en un exceso de gestos que encubren la responsabilidad y la mala gestión; la propia reacción excesiva de una parte del público a cualquier información que afecte su sensibilidad, o la falta de sensibilidad del Comité Olímpico Internacional prohibiendo las manifestaciones de dolor de los deportistas españoles.
Todos maltratan a la verdad. Todos maltratan a las víctimas.

Artículo completo en Soitu.es

Monday, July 03, 2006

34 muertos y muchos testimonios

Otra vez una tragedia, el accidente del metro en Valencia que ha dejado 34 muertos y numerosos heridos, hace explotar el periodismo ciudadano en la Red. Los grandes medios han solicitado inmediatamente los testimonios y las fotos de los lectores como ocurrió en anteriores ocasiones.
Los medios digitales se llenan de testimonios, una de las fortalezas y ventajas de promover la participación de la audiencia en una actualidad que ya es la vida mediatizada gracias a la multitud de instrumentos de comunicación al alcance de los ciudadanos.
El dolor y la indignación son dos detonadores imparables de la voz de la audiencia.
De la lejanía de los medios con la gente hemos pasado a una cercanía y una explosión comunicativa que plantea nuevos desafíos al periodismo:
>> La separación entre los testimonios que ayudan a entender la información sobre la tragedia de los que sólo alimentan el morbo y el amarillismo.
>> La necesidad de distinguir entre relatos de testigos presenciales y opiniones con mensajes de dolor, pésame o acompañamiento, que son otra escala de valor en la noticia.
>> El periodismo es una labor de verificación. La abundancia de mensajes no debería eximir de su comprobación para evitar manipulaciones.
>> Las fotos son de los contenidos más visitados en estas ocasiones y la abundancia de cámaras digitales y móviles estimulan su uso por las víctimas y testigos de accidentes y tragedias. Los medios digitales saben que su tráfico sube mucho con la publicación de galerías de imágenes. La publicación de fotos del público debe respetar los mismos criterios éticos de los profesionales.
>> La sobreabundancia de testimonios puede provocar ruido, el efecto contrario al deseado. Si la escasez es pobreza informativa, el exceso pierde al lector y confunde la información en lugar de completarla.
>> La denuncia de deficiencias no exime a los medios del error de no haber detectado antes los problemas de infraestructuras, seguridad o responsabilidad institucional.
Un vistazo a los distintos medios a esta hora es ilustrativo de la cercanía de los lectores a unos y a otros (elmundo.es, elpaís.es, abc.es, 20minutos.es). El tratamiento que cada uno está dando a las aportaciones del público indica su profesionalidad y responsabilidad.
Otro elemento interesante es la concentración en algunos medios de la denuncia ciudadana contra la política municipal y autonómica por encima de los testimonios de los testigos o las muestras de dolor del resto de la población.
En los medios valencianos, que padecen una falta de recursos profesionales importante en sus ediciones digitales, la apuesta por la participación es mínima. Tanto los diarios Las Provincias como Levante informan del accidente sin ese llamamiento directo a la participación. Tampoco la televisión autonómica Canal Nou, que tiene una web muy limitada. El digital Panorama Actual sólo recoge condolencias con las víctimas.
Una de las mejores decisiones tomadas hasta el momento ha sido la eliminación de las teorías conspirativas sobre un presunto atentado terrorista que surgieron a primera hora y que tuvieron cierto eco en los foros y blogs enfermizos de estas reacciones.

Tuesday, December 28, 2004

La verdad frente al dolor

Las víctimas de la matanza del 11-M han pedido que no se abuse de las imágenes de la tragedia estos días de resúmenes informativos. La petición, realizada desde la angustia y el dolor es comprensible.
Gregorio Peces-Barba, alto comisionado para la Atención a las Víctimas del Terrorismo, ha reiterado esa súplica a los medios.
Los pasados días, algunos medios han evitado las imágenes más cruentas de la tragedia y otros han llegado al punto de manipular las imágenes para tapar personas y evitar recuerdos.
Pero no es posible evitar el recuerdo. El propósito del periodismo no debe ser evitar el dolor. No es lícito esconder el dolor. El compromiso del periodismo debe estar con la verdad y la información.
El triunfo de los terroristas es el olvido de su culpa, que puedan forzar el cambio de comportamiento, valores y creencias de los ciudadanos. Los terroristas vencen cuando escondemos a sus muertos, bajo las fotos retocadas, en las imágenes cegadas o cuando les echamos la culpa a las víctimas de su suerte.
La historia se escribe entre los muertos. El periodismo es el primer esbozo de la historia y se anota con lápices astillados, cortantes como la realidad.
No hablar, no ver las imágenes, no recordar la tragedia, evitar el dolor son las defensas culpables de una sociedad enferma, incapaz de contemplarse a sí misma, con sus miserias y sus despojos.
Los terroristas convierten a los muertos en cadáveres públicos. Por eso deben ser homenajeados, por eso deben ser recordados, por eso hay que llorarlos y no darle al terrorismo la victoria de hacernos esconder la realidad, no permitirles cerrar la sociedad como una concha ajena a su propio dolor y a la culpa de los asesinos.
El dolor de las víctimas es muy humano, y debe ser respetado.
No esconder la realidad no necesita del sensacionalismo, del regodeo fácil, de la imagen de impacto que atenaza al espectador contra la pantalla o la foto. Respetar a las víctimas, empezando por los muertos, es no abusar de la imagen y la descripción (no olvidemos tampoco la palabra).
Se deben usar las imágenes necesarias para retratar la tragedia, sin tacha, sin retoque, sin velar su trágico impacto. Y también se debe evitar lo innecesario, lo redundante, lo que no aporta la necesaria información para conocer la medida de la realidad.
Cuando se adecúa la realidad a la resistencia de nuestro estómago todo se convierte en telerrealidad. Cuando se vela una foto o se recompone un cadáver comienza la mentira que acaba en el autoritarismo y la distancia cómplice, indefensa ante los siervos del terror.
Se empieza escondiendo los muertos, luego se ocultan los abusos, el autoritarismo se difumina, atemperamos la injusticia. Esa es la génesis del fascismo: esconder la realidad para no sufrir, para pintarla con el mundo bien ordenado del totalitarismo.
La dureza de las imágenes y de los relatos no está en el color de la sangre. Se aloja en la injusticia y la barbarie de los asesinos, en el impacto emocional que produce en el espectador. Que los terroristas no nos hurten nuestros sentimientos.
Cada medio tiene un pacto íntimo con su audiencia. Las bases de ese pacto escriben el grado de tolerancia ante la tragedia y determinan el estilo en el que debe ser contada.
Pero no hay pacto que pueda enmascarar la verdad.
Respeto para los que más sufren. Acompañemos a las víctimas en la tragedia, seamos responsables para decidir entre lo necesario y lo superfluo. Evitemos el sensacionalismo.
Pero la información y la verdad deben estar por encima del dolor.

P21 | El dolor y la verdad de la imagen
P21 | El dolor y la verdad de la imagen (2)
Poynter Online | A Commitment to Readers | Juan Varela
P21 | La Navidad de Madrid olvida el 11-M
P21 | De cara a la realidad
El Mundo | La imagen de la barbarie persigue a los asesinos | Ángel Casaña
Artículo de Arcadi Espada

Saturday, September 11, 2004

Lecciones del 11-M

Seis meses después del peor atentado de la historia de España. 191 muertos, dos millares de heridos y un vuelco electoral que nadie esperaba, se pueden sacar lecciones de valor para el periodismo futuro.
Una sociedad mejor informada es más libre. Nadie ha demostrado, por contra, que una sociedad peor informada sea más segura.
Evitar y protegerse del terror demanda más información y más capacidad de comprensión (datos, contexto, criterios) por encima de la obligación de los gobiernos y servicios antiterroristas de luchar con todas sus fuerzas y dentro de la ley contra las amenazas.
Aquellos días de dolor y abatimiento fueron retratados con profesionalidad y calidad en los medios, pero también abundó la manipulación y una politización que retorció y continúa forzando arteramente la realidad.
La politización del miedo es la victoria del terror. Cuando los ciudadanos y los políticos se enfrentan, manipulan la realidad, a las víctimas, y se enzarzan en un toma y daca de reproches y acusaciones, entonces el terror ha conseguido atenazar la democracia.
El tratamiento del terror es una de las discusiones perennes en la profesión. Frente al terror y el miedo surge lo mejor y lo peor del periodismo. El 11-M y la convulsión política de las elecciones del 14-M no fueron una excepción.

Cinco conclusiones:
1. El periodismo del dolor.
La reacción frente a la tragedia demostró capacidad de respuesta de los medios y se pudieron ver grandes muestras de reporterismo.
La cara humana de los atentados fue mejor cubierta que la investigación, tanto por la confusión sobre los hechos como por la estrategia de desinformación de aquellos días.
La capacidad investigativa es uno de los déficits constantes del periodismo español. Los periodistas siguen estando más cerca de los que mandan que de los gobernados. Faltan medios y la cultura de la responsabilidad social no está suficientemente extendida.
No se ahorró dolor. La cobertura fue explícita y el debate sobre la crudeza de algunas imágenes y tratamientos se resolvió en favor de no ocultar la tragedia y a las víctimas. Las opciones de los medios oscilaron entre el retrato dramático y la apuesta por la esperanza.
En la prensa extranjera hubo sobrados ejemplos de cómo una mala interpretación de la moral o una sensiblería ajena a la veracidad desvirtúan el periodismo y lo ponen al alcance de cualquier manipulación política, religiosa o moralística.

2. La estrategia de la desinformación.
Al principio todos pensamos en ETA. Cuarenta años de asesinatos --más de 25 de ellos en democracia y autonomía del País Vasco-- no se olvidan y determinan terriblemente el pensamiento y las reacciones de la ciudadanía.
El Gobierno utilizó la sospecha para desarrollar una estrategia de manipulación y desinformación como nunca se había visto en la España democrática. La comisión parlamentaria del 11-M sigue dilucidando, desde los prejuicios partidistas y una debilidad investigadora patente, la responsabilidad de esa manipulación.
Unos y otros se acusan. El Gobierno de Aznar lanzó y mantuvo la acusación contra el terrorismo vasco cuando ya muchas pruebas e indicios apuntaban al terror islamista. El entonces presidente Aznar convocó de inmediato una manifestación con un lema claramente anti ETA cuando ya había indicios que apuntaban otras autorías. Los desmentidos de los sectores políticos del terrorismo vasco y las reivindicaciones islamistas no se atendieron.
Aznar no convocó el pacto antiterrorista ni buscó la unidad de los partidos. Empero, se preocupó de llamar personalmente a los directores de los grandes medios para afirmar su convicción de la autoría de la banda vasca.
Tanto políticos del PP como algunos medios mantuvieron durante varios días la hipótesis de la "convicción moral" de la culpa de ETA.
Hasta qué punto el Gobierno mintió o quedó preso de su propia demagogia todavía no está claro.
Varios medios, entre ellos la mayoría de los más importantes, informaron de las sospechas sobre Al Qaeda con mayor o menor intensidad. La información se fue abriendo paso, aunque despacio y con continuos interrogantes nacidos más de la ideología que de la investigación y la perspicacia periodística.
Los medios sufrieron la evidencia de los pocos contactos y la falta de conocimiento de las fuentes de la investigación. En España, más que la estrategia del silencio que se impuso en Estados Unidos tras el 11-S, triunfó la falta de poder investigativo y la sorpresa producida por una nueva amenaza a la que no se había prestado demasiada atención hasta el momento.
Quienes más poder de investigación tienen contaminaron el reporteo con su visión editorial.
¿Hace falta una rectificación como la que han entonado The New York Times o The Washington Post a propósito de la guerra de Irak?

3. La tenaza política.
Los medios fueron sometidos por la política. La realidad se rindió a la manipulación. La ideología y los intereses electorales (transmutados también en cálculos de audiencia, difusión y publicidad) cayeron sobre la realidad hasta dejar en la confusión y la ira a los ciudadanos.
Cuando más se necesitaba la información, los datos, la inaprensible realidad para salir del terror, más opinión vertían los medios con propósito de atacar y socavar las diferentes opciones políticas enfrentadas en un final de legislatura muy crispado y una campaña electoral descreída y a cara de perro.
Frente a la unidad de los norteamericanos en el 11-S, en España, en horas preelectorales, pudieron los intereses y la ideología.
Las televisiones públicas (estatal y algunas autonómicas) fueron un malhadado ejemplo de manipulación.
Los grandes medios privados, en especial los nacionales, no cejaron en su visión política más allá de los hechos y el rumbo de la investigación.
Cuánto corresponde a prejuicio y cuánto a reacción frente a la tragedia y su gestión política está por aclarar. Más de un comunicador ha entonado ya un mea culpa por los excesos de aquellos días de rabia.
La adscripción ideológica de los medios fue más fuerte que nunca. Muchos mantuvieron en su visión estratégica las inminentes elecciones del 14-M por encima de la búsqueda de la verdad y de información creíble para ofrecer a los ciudadanos.
Otros, entre los que destacaron algunos de los grandes medios regionales, intentaron mantener el rumbo puesto en la información por encima del dolor, la crispación y la batalla política.
Muchos ciudadanos insatisfechos se volvieron a la Red, donde comenzaron a pulular sin descanso opiniones de toda laya, rumores, informaciones fragmentadas y todo tipo de manipulaciones.
El 11-M constató que el poder de generación de información veraz está en manos de los medios tradicionales. En internet se pudieron encontrar opiniones perspicaces, muchas ansias de saber, las consabidas teorías conspirativas yla existe ncia de un grupo de ciudadanos (en especial jóvenes) preocupados por saber más y dispuestos a emplear muchas horas y mucho trabajo en conseguirlo.
Y, sobre todo, la desconfianza hacia los medios tradicionales. Ese fuerte desapego que aumenta entre las nuevas generaciones de ciudadanos activos --superusuarios-- y la democracia formal y una de sus instituciones, la prensa.

4. Electoralismo y terror.
Las elecciones del domingo 14 contaminaron la cobertura de los atentados y su investigación. Antes del 11-M se había desarrollado una de las peores campañas que se recuerdan desde el punto de vista informativo.
Los partidos controlaron como nunca la información y los medios no ofrecieron mucha resistencia, ocupados como estaban en sostener a sus respectivas opciones partidarias.
El metadebate sustituyó al debate entre los candidatos. El esperpento tan nuestro volvió con fuerza a la política y al teatro público español. Las palabras sustituyeron a los hechos. La idelogía a las ideas. La propaganda a la información.
La confusión de opinión e información quemó sin pudor tanta página de libro de estilo y código deontológico rimbombante.
Una vez más el partidismo superó a la legítima posición política de los medios. Sufrió la verdad y la democracia.
Publicación de entrevistas electorales disfrazadas en la jornada de reflexión. Invasión de columnas y artículos de indisimulada alevosía. Cambios en la programación de la televisión pública para emitir mensajes subliminales. Editoriales y cartas en el mismo día de las elecciones claramente destinadas a orientar el voto.
Los medios sumidos en la batalla electoral, partidaria, más allá de la información y de la defensa de las ideas y los principios. Atacantes y acríticos los unos, defensivos y elegíacos los otros.
La eterna confusión entre los principios y las opciones políticas, legítimas en los medios, y la falta de independencia de los políticos.

5. La emergencia de los medios sociales y los superusuarios.
El día 12 miles de ciudadanos salieron a las calles en duelo y para exigir "¿Quién ha sido?". La protesta y el dolor se tornaron pregunta a los gobernantes y, en su papel de altavoz público, también a los medios.
La falta de respuestas, la confusión y los mensajes contradictorios o manipuladores estallaron la víspera electoral.
Teléfonos móviles de toda España recibieron mensajes convocando a manifestaciones frente a las sedes del PP. Miles de jóvenes se pusieron en marcha y poco después de las seis de la tarde se producía el mayor desafío a la democracia formal que se recuerda tras el golpe de Estado del 23-F.
Internet rebosaba de mensajes, informaciones, consignas y llamamientos a la movilización. Algunos medios siguieron en directo la movilización y se convirtieron, conscientemente o a su pesar, en agentes de la protesta.
El Gobierno y el partido que lo sustentaba comenzó a temer por su suerte, amenazó con impugnar las elecciones, acusó al PSOE de estar detrás del desafío y movilizó a sus militantes y medios afines contra la protesta.
Fue la presentación en sociedad de los medios sociales, las muchedumbres inteligentes (smart mobs) y el poder de agitación de los superusuarios.
Los medios tradicionales y la política formal fue superada por las nuevas formas de activismo cívico en red.

Cada vez se sabe más sobre los autores de la matanza y su origen. Seguimos sin conocer a fondo qué piensan, dónde se forman y cuáles son sus redes en España. Si los servicios de inteligencia no estaban preparados, mucho menos los medios. Hay pocos periodistas españoles que hablen árabe, que puedan infiltrarse en las mezquitas y en los ambientes islamistas.
Social y culturalmente estamos muy lejos de la peor amenaza del siglo XXI.
Los medios deben seguir revisando críticamente su papel y su forma de trabajar, insistir en los principios y los valores del periodismo y no perder la independencia y la pasión por la verdad. Es responsabilidad de todos.

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