Tuesday, April 06, 2010

Asesinato de periodistas y civiles en Irak

Namir Noor-Eldeen. Periodista de Reuters asesinado en Irak

"Nice. Good shoot´n. Thanks (Fantástico. Buen disparo. Gracias)". Podría ser una felicitación entre cazadores. O entre asesinos. Pero es la conversación entre la tripulación de un helicóptero de ataque norteamericano en Irak y sus mandos después de asesinar a dos periodistas de la agencia Reuters y a una docena de personas más.
Daños colaterales.
Dos periodistas haciendo su trabajo. Sobre el terreno. Hablando con la gente, recorriendo la ciudad, convertida en frente borroso y confuso por un ejército sin información y la insurgencia terrorista.
Un teleobjetivo. Una bolsa con cámaras, grabadoras y libretas convertidas en armas por gente que hace la guerra como si disfrutara en un videojuego. Desde la altura de un helicóptero artillado. Sin ninguna posibilidad para los pretendidos agresores.
Los asesinos no se conforman.
El helicóptero da vueltas y vueltas. Y mata. Sin perdón. Sin vergüenza. Sin información. Una sarta de asunciones sin justificación entre los tripulantes de la nave y su base con la que parecen pasarselo muy bien. Ríen. Bromean. Matan.
Matan incluso a los heridos. Matan a quienes acuden a rescatarlos en una furgoneta.
Sólo después llegan las tropas de tierra y encuentran a Namir Noor-Eldeen, 22 años, fotógrafo de Reuters, a su conductor, Saeed Chmagh (40 años), y a varios iraquíes, entre ellos dos niños, muertos y heridos.
El helicóptero asesino sigue dando vueltas sobre una ciudad arrasada por la locura, las mentiras y la guerra.
Guerra justa. Daños colaterales. Mentiras, sangre y muertos. Miles de muertos.
El horror.


Ver el vídeo de la muerte de los dos periodistas de Reuters publicado por Wikileaks da asco. Miedo. Y una profunda indignación.
Es sólo un vídeo más. Ocultado desde 2007 pese a las repetidas peticiones de Reuters para que fuese revelado y ayudase a la investigación de los hechos.
Pero el ejército norteamericano. Ese que no se atiene a las normas internacionales ni a los tribunales de guerra más que cuando ellos los manejan, se negó reiteradamente, protegido por un gobierno que continúa manteniendo la gran mentira de la guerra contra el terror.
Ver el vídeo. Oír los comentarios de los soldados, es suficiente. ¿Cuántos más se habrán filmado? ¡Cuántos más muertos como si se disparase en una pantalla contra malos virtuales!

Gente en la calle hablando con gente. Sobre el terreno, haciendo fotos con esos teleobjetivos tan parecidos (cuando se quiere que todo se confunda, con un lanzamisiles). Como en la muerte de José Couso y tantos otros.

Multitud de informes han repetido que una guerra no se puede hacer, y mucho menos ganar, sin información sobre el terreno. Disparar indiscriminadamente contra la población sólo por sospechas es la conducta de los regímenes totalitarios. Que son siempre fuerzas de ocupación, ocupen su propio país o el de otros.

Ahora conocemos la verdad sobre la muerte de un informador y su ayudante. Otras siguen inexplicadas. Cada una de ellas demuestra que la población civil y los periodistas han dejado de ser inmunes, como denuncian las organizaciones internacionales profesionales y de derechos humanos.
Peor. Tanto unos como otros han dejado de ser neutrales en conflictos donde las tropas regulares y los periodistas se parecen cada vez más en sus métodos.

Pero por encima de todo está la mirada fría de la cámara en blanco y negro. Las risas. El miedo de los militares convertido en bravuconería artillada.
El horror, sí, el horror y la vergüenza.
Y tantos años de ocultamiento, de doble lenguaje como el denunciado hace tanto tiempo por George Orwell con el asco de otras guerras. Esas palabras que encabezan otro vídeo de la vergüenza.
Otro vídeo que vuelve a demostrar la importancia crucial del periodismo y la necesidad de parar a quienes desde los despachos o los mandos de la tecnología más mortífera siguen disparando. Balas, mentiras, terror.