Friday, June 16, 2006

49 páginas

A pesar de que Juanjo García-Noblejas se indigne con Jeff Jarvis por su defensa apasionada del libro digital, un libro ya no es sólo de papel. Hasta el nuevo proyecto de ley del libro lo entiende así: libro es "la obra científica, literaria o de cualquier otra índole que constituye una publicación unitaria, editada en uno o varios volúmenes y que puede aparecer impresa o en cualquier otro soporte susceptible de lectura".
El libro de papel es un objeto cultural que seguramente no desaparecerá en mucho tiempo. Sigue siendo un soporte magnífico, especialmente para la literatura. Al menos para la literatura entendida como hasta ahora, apegada a una autoría definida (individual o colectiva), con un sentido de obra acabada y completa aunque pueda ser revisada y anotada posteriormente por el propio autor o comentaristas, y editada en soporte y estructura de papel (o su remedo electrónico).
Si tiene un mínimo de 49 páginas es un libro, según la definición internacional de la Unesco.
Los críticos de los libros digitales suelen hablar de la magia, la venerabilidad, la comodidad del soporte y muestran su reverencia por la obra completa, sea o no lineal, tenga estructura narrativa o no, o su trama esté más o menos determinada y acabada.
La reacción a favor del libro entendido de esa forma me recuerda la catástrofe literaria y existencial sobrevenida con la crisis del narrador omnisciente. El deicidio en la novela, tal como fue entendida por los más catastrofistas.
Lo importante con las obras digitales escritas no es que sustituyan a Cervantes, Víctor Hugo, Flaubert, Borges, Martínez-Santos o Norman Mailer.
Para abrir la trama, desmontar la estructura en una rayuela o alterar la narración más o menos clásica no hace falta hipertexto.
Incluso un libro serializado en forma de blog como Pulse se parece mucho a un libro, aunque su hipertexto y sus tags permitan otra lectura más allá de las viejas notas a pie de página, aunque de ellas hayan surgido bartlebys como los de Vila-Matas. Libros abiertos sobre libros invisibles.
Un libro conectado, un libro abierto por el propio autor o a los lectores es otra cosa. Otro medio. La esencia de la obra puede mantenerse o no, pero la interacción con las herramientas digitales permite usos, exploraciones del texto, comentarios, agregados, revisiones, formas de comunicación y un resultado final (seleccionable por cada lector) imposibles de lograr con el texto desde que dejó la oralidad y se sacralizó en la escritura y la difusión masiva de la copia por la imprenta.
Como bien dicen sus defensores, un libro conectado (Networked book) es o puede ser:
>> una obra abierta, construida en colaboración con otros;
>> un texto desestructurado porque puede ser percibido y/o manipulado en diferentes formas por sus lectores;
>> es social porque puede ser compartido y puede crear una comunidad;
>> es una obra procesada, editada con herramientas digitales que permiten usos, manipulaciones y lecturas, iteraciones que a veces son redundantes y en otras enriquecen la obra.
Una obra maestra lo es reposen sus letras en papel o sean hipertexto activo y socializado. Es un error competir entre la obra papel y la digital. La primera ya ha demostrado su valía. La segunda, la busca. La mera copia en una pantalla no es demasiado interesante por sí misma, pero si aumenta la usabilidad, mejora el contenido y es capaz de llegar e involucrar a más lectores o anima la interacción entre autor y público, entonces supera a la copia para convertirse en otra obra o en un valor (bien) social o, si se prefiere, socializado.
Y todo ello sin renunciar a la autoría, o , pero tampoco es necesario.
Una cosa son las blogonovelas y wikinovelas, experimentos de construcción colectiva de la obra. Otra el libro procesado de Esposito y sus desarrollos.
Un ejemplo es el reciente homenaje a Shakespeare de Google Books, donde las obras clásicas son procesadas para ofrecer información, servicios, reseñas y las propias obras extendiendo las líneas del inglés hasta más allá de su fama.
Llegar hasta GAM3R 7H30RY ya es otra cosa. En este libro sobre la teoría de juegos todos los elementos se socializan y abren su estructura para imitar los juegos de SimEarth, o más bien, la vida inventada de Second Life.
Pero es más que un juego de avatar o identidades virtuales. Es un libro escrito en colaboración con una estructura derivada de las bases de datos y los videojuegos. Un libro que se lee como se quiere y en el que se puede actuar (hipernarrativa constructiva y explorativa).
La sofisticación del wikilibro para sumar la mayor interactividad posible.
Y es un libro. Su fórmula no sirve para todos los libros y siempre querremos leer Santuario de William Faulkner tal como él lo escribió. Pero un libro ya no son 49 páginas, ni siquiera cuando son virtuales.

Para discutir de estas cosas y de cómo utilizar los blogs y los libros, Txetxu Barandiarán y Manolo Bragado andan montando un encuentro en el Liber de septiembre.

Wikis: Propuestas para una literatura participativa y Blogs literarios y sobre libros
P21 | Libros vivos por los lectores | El futuro de la literatura en la Red